Chupete, succión del pulgar y consecuencias en la mordida

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Fernando Gutiérrez Alameda

Médico Estomatólogo y director de la clinica FGA


Chuparse el dedo y el uso prolongado del chupete son hábitos habituales en la infancia que, si bien pueden ofrecer comodidad y seguridad al niño, también pueden influir en el buen desarrollo de la mordida y de las estructuras faciales. Estos hábitos forman parte del comportamiento natural en los primeros meses de vida, pero cuando se prolongan más allá de los dos o tres años pueden provocar alteraciones dentales que requieren atención profesional.

El movimiento de succión repetitivo ejerce una presión constante sobre los dientes y el paladar. Cuando este hábito se prolonga, puede provocar que los dientes frontales superiores se inclinen hacia adelante y los inferiores se muevan hacia atrás. Esto da lugar a la mordida abierta, un trastorno en el que los dientes superiores e inferiores no entran en contacto al cerrar la boca. Además de afectar la función masticatoriapuede tener un impacto en el habla al dificultar la pronunciación correcta de ciertos sonidos.

El chupete, sobre todo si no es anatómico o si se utiliza durante periodos prolongados, también puede cambiar la forma del paladar. Un paladar estrecho puede provocar una mala alineación de los dientes y favorecer la respiración bucal, lo que afecta no sólo a la mordida, sino también al desarrollo facial y a la calidad del sueño. Por su parte, chuparse el dedo suele generar efectos más marcados, ya que el dedo ejerce una presión más focalizada y difícil de controlar.

La duración, frecuencia e intensidad del hábito son factores decisivos. Muchos niños abandonan el chupete o el pulgar de forma natural a medida que crecen, pero cuando esto no sucede, es recomendable el apoyo paulatino de los padres, junto con la supervisión del odontopediatra. La detección temprana permite corregir los efectos antes de que se consoliden en la dentición permanente.

Cuando el hábito persiste y ya ha generado alteraciones en la mordida, existen tratamientos específicos, como aparatos funcionales o interceptivos, que ayudan a guiar el correcto crecimiento de la mandíbula y corregir la posición de los dientes. Estos tratamientos son más sencillos y eficaces cuando se aplican a edades tempranas, aprovechando que el hueso es más moldeable y las estructuras se van desarrollando.

En resumen, aunque el chupete y chuparse el dedo forman parte de la infancia, es importante controlarlos para evitar consecuencias sobre la mordida y el desarrollo facial. Con un apoyo adecuado y controles periódicos con el odontopediatra, es posible prevenir problemas y conseguir que el crecimiento dental del niño sea sano y armonioso.

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